«Es más lo que recibís que lo que das»

Después de dos horas de viaje, con GPS en mano y muchas expectativas, llegamos a la Casa Cultural San Vicente de Paul, ubicada en la esquina de Colombres y José María Paz, en Baradero, Buenos Aires, donde nos esperaban María Marta Condéranne -la creadora de Pelucas Solidarias– y todos los colaboradores que cada sábado aportan su granito de arena para ayudar a pacientes oncológicos. Llovía mucho, tanto que, de siete personas que asistirían ese día, sólo fueron dos: Patricia y Gisela. Patricia estaba sola, su familia la esperaba en su casa; a Gisela la acompañaba su marido.

Patricia, 45 años, madre de tres hijos, de Campana -Buenos Aires-, llegó y fue directo al cuarto donde estaban todas las pelucas para elegir cuál iba a ser la suya. “Estoy feliz” nos dijo cuando salió, con una sonrisa de oreja a oreja y su nuevo cabello rubio en la cabeza. “Me probé tres pelucas y todas me gustaban; cuando no tenés pelo, te gusta todo, todo es mejor que no tener pelo”, dijo emocionada. “Yo no me miraba al espejo y ahora voy a poder volver a peinarme”, agregó.

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Patricia con su peluca // Foto: Diego Grushka, agencia Tao

“Vine acá porque la peluca de pelo natural es muy cara y, con todo lo que gasto en el tratamiento, no la puedo pagar”, dice Gisela, 29 años, pergaminense, con cáncer de útero, para quien “el ánimo es fundamental para el tratamiento y esto ayuda mucho”. Gisela salió del cuarto abrazando a su marido, con su peluca castaña, con flequillo y una mezcla de nervios y felicidad en su cara. “A mí no me cambiaba que ella estuviera pelada, yo la quiero de todas formas, pero sé que para ella era importante y por eso la acompaño”, dijo su marido.

Entre mates, charlas, anécdotas, torta de manzana, risas y cortinas de pelo, se escuchaba el ruido de las dos máquinas de coser que las mujeres hacían andar a toda velocidad.

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Gisela con su peluca // Foto: Diego Grushka, agencia Tao

“La gratificación que siento cada vez que alguien se va de acá feliz con su peluca, no tiene precio”, dijo Vanesa, sobreviviente del cáncer y voluntaria de Pelucas Solidarias desde hace dos años. “Ganar la sonrisa de la gente es lo más lindo que hay, por eso sigo viniendo, me hace bien”.

A pesar que afuera el día estaba nublado y lluvioso, el clima adentro de la Casa Cultural era de felicidad. Vivimos un día lleno de emoción, esos que te llenan el alma y te enseñan que todavía, por suerte, existe gente dispuesta a ayudar y que, para todos ellos siempre “es más lo que recibís que lo que das”.

 

 

Rocío Elizalde / J.G / C.03

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