Escenarios pospandemia: el regreso del teatro independiente

Alcohol en gel en mano y barbijo bien colocado, los espectadores esperan para tomarse la temperatura y mostrar la declaración jurada. El QR destierra la entrada física procurando tener el menor contacto posible. Dispuesto a disfrutar, el público aguarda distanciado pero convocado para compartir una experiencia colectiva. Se apagan los celulares y comienza la función.

Después de más de un año de telones empolvados y de escenarios vacíos, los reflectores volvieron a encenderse. Arranca una nueva temporada en el teatro independiente. Las industrias culturales fueron el tercer sector más afectado por la pandemia. Según la Asociación Argentina de Teatro Independiente (ARTEI),  cerca del 50 por ciento de sus salas reabrieron en junio de este año, con protocolos para el cuidado de sus artistas y el público. A partir de octubre, con el fin de las restricciones por la peste, se liberó a un aforo del 100 por ciento en todas las salas. Con este escenario, las salas independientes apuestan a recuperar su esplendor.

La vuelta del teatro. Realización: Agencia TAO

La vuelta al under porteño

Una misma escena se repite en tres puntos distintos de la Ciudad de Buenos Aires, capital sudamericana del teatro independiente. Las y los trabajadores se encuentran frente a una hilera de personas entusiasmadas por volver a encarnar el papel de espectadores.

En pleno Congreso -tras lo que aparenta ser un sencillo local-, las persianas del Teatro Mu Trinchera Boutique se alzan cada fin de semana para el ciclo de obras cortas Es noticia. Dos de los tres espectáculos que se presentan tienen lugar en la calle: la vereda oficia de butaca, aunque al aire libre el pedido siempre es el mismo: “Por favor, todos con barbijo puesto”. Algunos transeúntes curiosos se mezclan entre los espectadores para ver Radio el Trébol. Luego miran atónitos la peregrinación que las actrices de Santa Coxa la desapegada llevan a cabo por toda la manzana de Riobamba. Una joven aparece y, parada frente a la puerta, pide que para entrar a ver Mil Ciento Veintitrés todos tengan la entrada -el celular- en la mano y que, organizados, ingresen al teatro.

En el corazón de Palermo Hollywood, Las cosas que no digo, no existen menos es presentada por elTeatro El Grito, una casona de estilo industrial acondicionada para la actividad. La propuesta es diferente. Los y las empleadas invitan al público a consumir bebidas durante la función, siempre y cuando no se permanezca largo rato con la cara descubierta.

En el barrio porteño de Almagro, sobre la calle México, se encuentra una de las pintorescas fachadas del Teatro Timbre 4. “¿A nombre de quién está la reserva?”, “Firmá por acá la declaración jurada”, son frases que se vuelven recurrentes los sábados por la tarde y guían al espectador de Otoño e invierno de un puesto de control al otro hasta llegar a la sala. “Tanto México como Boedo tienen los extractores de aire que piden por protocolo en el gobierno de la Ciudad”, cuenta la encargada de portería, empleada desde 2017, respecto de las dos salas con las que cuenta Timbre 4. Unos minutos después de las 5 de la tarde, se da la bienvenida al público, que está distribuido en burbujas de hasta dos personas. Luego se anuncian las medidas de seguridad. Inmediatamente, tres actrices y un actor entran en escena y lo que aparenta ser una cálida sobremesa da comienzo a la función. Miradas atentas, con rostros que se vuelven casi imperceptibles detrás de las mascarillas, siguen el despliegue de un profundo drama familiar. Por momentos los artistas toman distancia y permanecen encapsulados en esa realidad construida desde la expresión corporal y la palabra y, por otros, rompen con la cuarta pared y se hallan a tan sólo un brazo de lejanía de las y los espectadores absortos.

En estas tres propuestas alternativas, después de una inédita y forzada interrupción de la actividad por la pandemia, los artistas utilizan el espacio, antes despoblado y desértico, de manera envolvente. De la ausencia de aplausos se abre paso nuevamente a las risas, miradas cómplices y cercanía del artista con su público, ya sea corporal o a través de la interpelación directa. Aún con barbijos que cubren sus rostros, distanciados en sus burbujas, los espectadores disfrutan de la experiencia colectiva que propone el teatro independiente, con todas las medidas sanitarias que hoy en día implican y hacen posible la vuelta del under teatral porteño.

En el escenario no hay protocolo

“Nos propusimos resistir creando”, dice Ana Schimelman, directora de Mil Ciento Veintitrés, sobre cómo vivió el proceso creativo de la obra. La dramaturga cuenta que la idea nació en 2015 y fue retomada durante el aislamiento: “Me acordé de la historia de estos personajes, dos amigos que estaban distanciados, y me pareció que era una manera de hablar de lo que estaba pasando, sin hablar de lo que estaba pasando”. El proyecto tomó vida desde la virtualidad: la mayor parte de los ensayos tuvo lugar en Zoom. “Yo iba y compraba luces para los ensayos, tomaba decisiones estéticas y escénicas para el armado de la puesta en escena, que eran nuestros cuartos. La virtualidad, si bien fue molesta e incómoda, nos ayudó a crear. Además de actor, tenía que abarcar más áreas: era iluminador, editor de videos y escenógrafo, todo eso contribuyó a mi actuación inclusive”, cuenta Manuel Caponi, protagonista de la obra.

Con la flexibilización de las restricciones, se dio la posibilidad de que los ensayos pasaran del Zoom al aire libre, recuerdan Tatiana Glikman y Valentina Posleman, actrices de Las cosas que no digo no existen menos. No obstante, ante esta situación debieron implementarse nuevos cuidados: “Nosotros decidimos testearnos antes de las funciones del fin de semana, porque en el escenario no hay protocolo”, cuenta Miriam Odorico, actriz de Otoño e invierno.

Para el mundo del teatro independiente, la vuelta al escenario se vive como una celebración. Débora Toranzo, productora de Mil Ciento Veintitrés, describe: “Para mí el estreno superó todas las expectativas. Se consolidó el deseo del grupo de hacerlo”. En ese sentido, Odorico suma: “El teatro tiene que ser esa experiencia de la cosa viva y presencial, teatro por streaming no es teatro, es otra cosa. Volver a la sala fue maravilloso y creo que para el público también, se disfruta poder compartir juntos.”

Crédito: Agencia TAO

Último acto

“Finaliza una etapa importante relacionada con la pandemia que nos ocupa y comienza otra para las artes escénicas”, señaló hace pocas semanas el productor teatral Carlos Rottemberg en diálogo con Página/12respecto al término del aforo en las salas teatrales porteñas. No obstante, continúa vigente el protocolo sanitario respecto a la ventilación de los espacios, testeos a elencos y staff, los ingresos y egresos escalonados, la toma de temperatura y el uso obligatorio de los barbijos durante la función.

Días previos a la flexibilización, en una nota realizada por Ámbito, Javier Daulte -guionista, dramaturgo y director de Espacio Callejón– señaló respecto a la oferta teatral que el universo independiente está más nutrido y variado. Sin embargo, hay muchos espectáculos que no encuentran sala, ya que no todos los espacios abrieron. “En cuanto al aforo al 100 por ciento, se exigirá espacio entre burbujas, eso no es 100 por ciento. Estamos saliendo de la crisis, pero más allá de eso, la sensación es que valoramos como nunca el hecho presencial del teatro”, sostuvo.

En el clima renovado y festivo en el que se desenvuelve la actividad teatral con el fin del fantasma del aforo reducido, los trabajadores se muestran optimistas por lo que se viene. “Apenas se pudo, el teatro volvió, y en Capital Federal es un circuito muy activo, una ciudad que disfruta del teatro. Yo creo que si bien la pandemia fue un golpe duro, poco a poco se está volviendo a lo que era antes”, expresa Posleman. Por otro lado, Mariano Stolkiner, director artístico de Teatro El Extranjero, sostuvo que, si bien la convocatoria está encaminada, falta activar la programación. Las propuestas no llegan a la cantidad previa a la pandemia y resulta difícil producir. “Quedamos golpeados, como casi todos, con deudas y espacios que recuperar, pero al mismo tiempo con fuerzas para seguir apostando. En esta nueva normalidad hay una recuperación de cierta mística, algo que se estaba perdiendo y volvió a sentirse”, concluye.

Nuevas producciones y puestas en escena se perciben en el horizonte teatral, a partir de este nuevo y esperanzador contexto. La industria cultural se recupera paulatina y enérgicamente, el teatro independiente se reinventa. El apoyo del público alimenta la motivación de las y los directores, productores y artistas que contribuyen a crear propuestas disidentes y emotivas. De ahora en más queda construir espacios de arte escénico alternativos en la pospandemia.



Redacción: Mercedes Astete

Edición: Victoria Azzarri

Producción periodística: Victoria Daima

Producción audiovisual: Rita Zampardi

Esta entrada fue publicada en Sin categorizar y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s