Nudentena: entre la censura en redes sociales y la creación de un espacio cuidado para el sexo virtual

“El sexo virtual puede ser una alternativa”, sugirió la actual ministra de Salud Carla Vizzotti en abril de 2020, cuando la emergencia sanitaria por la pandemia impuso el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) en todo el país. El sexting no era ninguna novedad. Según una encuesta realizada por la agencia de seguridad cibernética ESET Latinoamérica, el 30% de los encuestados en el continente reconoció haberlo practicado. Dos de cada tres lo hacían a través de redes sociales o salas de chat. Con la llegada de los protocolos profilácticos, la imposibilidad del contacto físico y la necesidad de relacionarse sexoafectivamente, se potenciaron estas prácticas virtuales y surgieron nuevos espacios que fomentaron este tipo de intercambios de una manera novedosa. Nudentena nació en este contexto.

Glosario sexo virtual. Realización: Agencia TAO

Nudentena es una comunidad dedicada al intercambio de nudes –en inglés, fotografías que enseñan cuerpos desnudos-, que surgió en Instagram en abril de 2020 y llegó a tener 1000 usuarios activos en Telegram. Este espacio sorteó dos grandes obstáculos: la censura, promovida por las políticas de comunidad de Instagram, y la necesidad de garantizar un espacio cuidado libre del acoso virtual, una forma de violencia que se ejerce a través del uso de internet. La más frecuente es la difusión y reproducción -sin autorización- de imágenes, audios o videos de contenido sexual e íntimo. Según la Asociación Argentina de Lucha Contra el Cibercrimen (AALCC), durante la pandemia  aumentó el acoso digital con un 18,75% de prevalencia y se convirtió en un tema central de la agenda pública. 

Pantallas y placer

Daniel Mundo, doctor en Ciencias Sociales y pornólogo, estudia el sexo virtual hace años. Señala que el Ministerio de Salud dio por sentado erróneamente que la población sabía de qué se trataba el sexo virtual al momento de recomendarlo durante el ASPO. “Es algo que no conocemos muy bien –explica-. Partimos de una realidad que ya no existe, de una normalidad y una imagen de sexo pre-pandémico”. Para Mundo, con el sexo virtual aparecen nuevos deseos y placeres que se manifiestan en la creación de otros espacios. Entiende la virtualidad como parte de lo que se considera la “realidad”: “Hay una realidad real y una virtual-digital que conviven y producen dos afectos que se manifiestan ahí”. El autor de Variaciones sobre el Porno aclara que los lazos que surgen de estos encuentros, se relacionan con la virtualidad. La pandemia evidencia, potencia y consolida los nuevos vínculos hacia donde la sociedad ya estaba evolucionando.

La psicoanalista y sexóloga Virginia Ceccato hace hincapié en los aspectos positivos que trajo la virtualidad para la sexualidad de las personas, principalmente, en el encuentro con su propia imagen, cuerpo y placer. “Son otros modos de conectar con la subjetividad sexual, a la vez compartida con un otro, sin el contacto físico”, sostiene. Sin embargo, reconoce que los beneficios conviven con los riesgos y los miedos que aparecen con la virtualidad. “Muchas personas se han encontrado en situaciones vergonzosas y extorsivas. No es una novedad, siempre ha existido la amenaza de mostrar cosas íntimas. Aumentó la cantidad de personas que se animaron a exponerse de esa manera”. Ceccato fomenta el uso de plataformas que incentiven los intercambios sexoafectivos, un disparador para trabajar la reconciliación con la propia imagen y promover que cada persona se perciba como un ser deseante.

La semilla de Nudentena 

Dentro de las múltiples experiencias virtuales que impulsan estos intercambios, Nudentena es un espacio que incentiva la liberación de todos los cuerpos: promueve la autoexpresión libre de prejuicios. Se trata de una iniciativa contrahegemónica y con perspectiva de género que contempla la necesidad de generar un ámbito que trabaje en la deconstrucción de patrones socioculturales y parámetros de belleza dominantes. 

La historia de esta comunidad comenzó en abril de 2020, durante la cuarentena dura, cuando Camila Sallent, su creadora, publicó una nude en su cuenta personal de Instagram. “Me respondieron como 300 personas con sus nudes y las empecé a subir a mis historias”, recuerda. Ante la repercusión, la joven notó la gran necesidad de contacto sexual que demandaban otras personas y eso llevó la iniciativa a otro nivel. “Se armó una especie de canal para ‘bebotear’ libremente y yo lo incentivaba”, recuerda. Al poco tiempo creó otra cuenta y redefinió su actividad. 

En primer lugar, surgieron consignas que guiaron la confección de las nudes. Pero fue necesario imponer reglas para garantizar la creación de un espacio cuidado. “Nudentena tenía que ser un lugar seguro para feminidades. No iba a crear un foco de acoso sexual virtual, así que había reglas súper tajantes: no se podían mandar nudes ni abrir una conversación sin permiso y no se podía insistir. Yo los exponía si alguno se pasaba de la raya”, cuenta. 

Censura al desnudo 

Sallent se topó con un gran obstáculo para desarrollar la comunidad: la censura. Instagram clausuró más de una vez la cuenta de Nudentena. Frente a esto, implementó el uso paralelo de otra aplicación: Telegram. A través de esta red de mensajería comenzó a compartir los contenidos que le enviaban, ya que su Instagram personal y el de Nudentena habían sido cerrados por la plataforma. Desde entonces, Nudentena migró completamente a Telegram. “En ese canal sólo podías ver. La consigna se tiraba por ahí. En privado me mandaban fotos, yo las publicaba y al final del día, las borraba. La comunidad cambió, ya no existía el ida y vuelta cómo en Instagram, pero a la vez se volvió algo más contenido y hubo un filtro de gente súper grande”, detalla. La comunidad llegó a tener 1000 participantes, la mayoría mujeres. De hecho los hombres cishétero sólo podían entrar bajo la recomendación de una mujer del grupo. Actualmente, Camila dejó de gestionar la comunidad y las propuestas de Nudentena tienen lugar en otro canal.

Son múltiples los casos que demuestran contradicción en la inclusión y exclusión de los contenidos que circulan en Instagram. “Tiene unas políticas de censura nefastas, son 100% machistas y patriarcales. Ves fotos en cuentas de fotógrafos cochinos que sexualizan a mujeres de 15 años, y no se les censura nada por el pezón pixelado. Si ponés que tu género es masculino, no te la borran; y si ponés femenino, sí”, sostiene Sallent. Esta afirmación dispara varios interrogantes. ¿Es la censura una cuestión de género? ¿Cuáles son los criterios de selección que determinan la censura de algunos contenidos y de otros no? 

Martín Becerra, doctor en Ciencias de la Información e investigador del Conicet, considera que hay censura estatal y privada cuando se eliminan contenidos y se impide su re-publicación. Se suprimen esas piezas del conocimiento público. Con respecto a la regulación y restricción en nuestro país, Becerra señala: “las garantías del derecho a la libertad de expresión aplican a todas las redes sociales digitales, aunque las compañías dueñas de estas plataformas tienen sus propias reglas. que en muchos casos son más opacas, discrecionales y cambiantes”. El especialista afirma que “el Estado argentino no avala la censura en redes sociales analógicas y digitales, en el marco del Estado de Derecho.” La Ley de Servicio de Internet 26.032 establece que la difusión de información e ideas de toda índole, está incluido dentro de la garantía constitucional que ampara la libertad de expresión. No obstante, como sostiene Becerra, “las reglas las establece unilateralmente Facebook”.

Según el Centro de Transparencias de la red social creada por Mark Zuckerberg, durante el 2020 se censuraron 45,1 millones de contenidos en Instagram, relacionados con la desnudez y actividad sexual de adultos. Las normas comunitarias de esta red restringen los contenidos audiovisuales “que muestren actos sexuales, genitales y primeros planos de nalgas totalmente al descubierto”. Esto también se aplica a determinadas fotos con pezones femeninos que no respondan a situaciones relacionadas con la salud, la maternidad o actos de protesta. 

Existen movimientos gestados dentro de la red social como #FreetheNipple, que lucharon por el fin de la censura del pezón femenino y consiguieron que Instagram y Facebook revisaran sus normas. Esto podría dar lugar a pensar que el debate en torno a la restricción de la desnudez puede generar cambios en las políticas de comunidad. Sin embargo, esta situación da cuenta de una problemática estructural del mundo off-line, que las redes sociales reproducen y legitiman.

Escrito por: Victoria Daima

Fotos: Mercedes Astete

Edición: Rita Zampardi

Producción periodística: Victoria Azzarri

Producción audiovisual: Mercedes Astete

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