Videojuegos argentinos: una industria que no quiere quedar game over

La industria de los videojuegos logró posicionarse en el primer lugar entre las industrias culturales del mundo. En 2020 facturó 180 mil millones de dólares. Superó al cine, a la música y al deporte. En la Argentina, durante 2019, la recaudación de esta “industria sin chimeneas” se acercó a los 72 millones de dólares, según informó el Observatorio de la Universidad Nacional de Rafaela. Si bien creció ininterrumpidamente año a año, aún es considerada incipiente, y no parece que vaya a consolidarse de la misma manera que en los países desarrollados. El gobierno nacional la incorporó en 2011 como parte del Mercado de Industrias Creativas. Pensar sólo en los videojuegos como un mero hobby o una “pérdida de tiempo” es una necedad ante su gran potencial. 

Industria de Videojuegos. Realización: Agencia TAO

La ADVA computó recientemente que más de 2000 personas se encuentran empleadas en el sector, con gran incidencia del trabajo tercerizado con empresas extranjeras. La creación de videojuegos se considera uno de los trabajos más rentables del futuro, aunque ya tiene gran peso en la actualidad. En Argentina, diversas instituciones académicas ofrecen títulos, cursos y talleres para formarse en este innovador campo laboral.

Gamers en la universidad

Como toda industria en franco crecimiento, se van especializando tanto sus ramas como el personal demandado. En Argentina, ya no se necesita estudiar Ingeniería en Sistemas para ejercer en este mundo: la oferta académica es variada y distribuida en distintos puntos del país. Dentro de las disciplinas más populares, se destacan el desarrollo y la programación.

Una de las instituciones pioneras es la Universidad Nacional de Rafaela, en Santa Fe. Cuenta en su currícula con la Licenciatura en Producción y Desarrollo en Videojuegos. La provincia del Litoral es además un epicentro nodal de diversas comunidades de desarrolladores de videojuegos. Junto con la Universidad Nacional de José C. Paz, son las únicas que otorgan un título de grado universitario.

La Ciudad de Buenos Aires es la principal plaza de estudios en este rubro, ya que cuenta con tecnicaturas en desarrollo de videojuegos en diversas casas de estudio, en su mayoría privadas. Se destacan la Universidad Argentina de la Empresa y la Escuela Da Vinci, porque tienen en sus laboratorios la mayor tecnología de punta. Uno de los centros más vanguardistas es Image Campus, que ofrece desde el 2017 de manera separada tanto las tecnicaturas en Desarrollo de Videojuegos como la tecnicatura en Arte y Diseño de Videojuegos. Según el ranking que realiza todos los años la publicación Animation Career Review, este instituto se ubicaba en 2019 en el puesto 14° entre las instituciones educativas de animación a nivel mundial.

La oferta para la formación de recurso humano posee un carácter federal, que se ve reflejado en las propuestas educativas en diversos puntos del país, como las tecnicaturas de la Universidad del Litoral en Santa Fe, la Universidad de Mendoza y el Centro de Estudios a distancia de Salta. Abanico amplio por fuera de CABA y de Buenos Aires.

Oportunidades y limitaciones

Andrés Rossi, presidente honorario de ADVA, sostuvo en 2017 que “el desafío local es tener un alto grado de profesionalización”, objetivo que muchas personas involucradas en la industria de videojuegos local remarcan como la gran base para el proyecto argentino. 

La demanda de recursos humanos en Argentina es muy alta. Incluso gran cantidad de estudiantes comienzan con sus primeros trabajos en la industria mientras cursan. Este es el caso de Daniel Natarelli, que además de trabajar como programador es docente en Image Campus. Está próximo a graduarse como Técnico Superior en Desarrollo de Videojuegos. El desarrollador comenta que en el “caso argentino” se formó una especie de “comunidad” en torno a la industria, donde los docentes son además profesionales exitosos del sector -buena parte de ellos ejercen como desarrolladores-, y los congresos son concurridos siempre por las “mismas caras”. Natarelli trabaja desde hace dos años para Globant, una “empresa unicornio” argentina, que es líder en la región latinoamericana en el nicho gamer. Esta empresa, junto con Nimble Giant, son las dos grandes referentes de nuestro país. 

Para Alejandro Iparraguirre, la gran demanda de quienes producen videojuegos en la Argentina tiene que ver con la identidad cultural local: “nosotros hicimos toda la vida, como industria que crece, un servicio ‘hacia afuera’. La ventaja en Argentina es que nos podemos adecuar culturalmente a Estados Unidos y, de la misma manera, con el otro cliente grande que tenemos que es Europa”.

El caso de Etermax puede marcar un norte para el país. En 2015 el juego Preguntados fue la aplicación más bajada en Estados Unidos y lo mismo ocurrió en la Argentina. Este es un caso paradigmático porque demuestra cómo una producción nacional puede convertirse en un éxito global.

Las limitaciones del sector de videojuegos local son compatibles con otras ramas industriales. Principalmente se deben a la gran volatilidad de nuestra economía y a la escasez de dólares constantes. Invertir afuera, sostiene el programador y empresario Ariel Manzur, se torna difícil por las elevadas tasas impositivas. Cada vez es más difícil pagar sueldos a la mano de obra local que sabe que su trabajo se cotiza mejor en otros países. Por lo tanto, la gran capacidad de nuestro recurso humano es volcada en empresas extranjeras. Tanto la iniciativa privada del sector como el mercado interno no se consolidan en forma rentable para nuestra producción.

Fotografía: Lilen Natarelli

El rol del Estado

La industria de los videojuegos en Argentina es demasiado joven, incluso aún no se encuentra regulada. Como señala Iparraguirre, ni siquiera hay una definición precisa en cuanto a su objeto. La única legislación que comprende al sector es la Ley de Promoción de la Industria del Software sancionada en 2004, luego remplazada en 2019 por la Ley de Promoción de la Economía del Conocimiento. No hay leyes en el país que contemplen su definición ni que aborden las cuestiones de propiedad intelectual.

Esa falta de regulación impulsó a la Federación Argentina de Videojuegos (FUNDAV) a organizarse hace más de una década. Trabaja con el fomento a comunidades de desarrollo y trata de medir en forma constante la formalidad e informalidad del sector. Según Iparraguirre lo que “busca lógicamente una comunidad es financiarse. Existe la industria porque hay una comunidad de desarrollo previa”. Así nació la Red de Comunidades de Desarrollo, que cuenta con aproximadamente 20 sedes en todo el país.

En Argentina, la tríada de Estado, educación y empresa tiene una articulación que no corre con fluidez en lo que respecta a esta industria cultural. Todavía está buscando una identidad propia, ya que un videojuego es mucho más que una pieza de software con componentes audiovisuales. Para FUNDAV, un videojuego es un medio de comunicación, de expresión y de investigación, que puede generar un desarrollo económico cada vez más importante.

Redacción: Martín Munne

Edición y Fotografía : Lilen Natarelli

Producción periodística: Cintia Asmussen

Producción audiovisual: Sofía Tejón

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