El río Paraná en emergencia: no llueve y el daño socioambiental es cada vez mayor

La cuenca del río Paraná registró sus niveles de caudal más bajos después de 77 años. Por su perduración e intensidad se desató el estado de alerta, que llevó a declarar la emergencia hídrica por el impacto negativo en el consumo de agua potable, las agroexportaciones y la biodiversidad. La falta de precipitaciones, la crisis climática y la deforestación para uso productivo del suelo son las principales causas que se están evaluando. Aunque se espera un alivio con la llegada de la época húmeda, los pronósticos no son alentadores. Agencia TAO habló con tres especialistas para entender las causas y consecuencias del fenómeno y conocer cuáles son las posibles salidas.

Créditos: Franco Ojeda

Tendencia a la baja 

El panorama actual es problemático en toda la Cuenca del Plata —la tercera reserva de agua dulce del mundo—, pero las subcuencas más afectadas son las de los ríos Paraná, Iguazú y Paraguay. Primero, fue el gobierno nacional el que decretó el estado de emergencia hídrica en la región de la cuenca, que comprende las provincias de Formosa, Chaco, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones y Buenos Aires. Después se sumó la medida del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, que declaró la emergencia en el Delta del Paraná por su impacto negativo en las actividades portuarias, la navegación y el abastecimiento de agua potable. 

Sin embargo, el principal foco está puesto en el río Paraná —el más importante de la Cuenca del Plata por la biodiversidad que alberga y las actividades productivas de la región—, en donde la crisis es más pronunciada. Los especialistas hablan de una bajante histórica y atípica que alcanza valores similares a los de 1944, fecha hito que marca el punto de referencia para trazar posibles hipótesis sobre la situación actual, según el Instituto Nacional del Agua (INA). 

Crédito: Erik Gonzalo Raudino

El caudal promedio normal del gigante marrón en la región de Corrientes y Misiones es de 16000 metros cúbicos por segundo. Según un informe de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) —la central hidroeléctrica ubicada en Ia ciudad correntina de Ituzaingó—, para la serie 1901- 2020 el valor del caudal promedio de junio es de 12625 metros cúbicos por segundo, mientras que la marca del caudal afluente para el mismo mes de 2021 apenas promedió los 6.200 metros cúbicos por segundo: menos de la mitad. Esta cifra, igual a la mínima registrada para 1934, representa el segundo valor de caudal más bajo en 120 años, y apenas un 6% más de caudal que el valor mínimo registrado en junio de 1944: 5800 metros cúbicos por segundo.

Leandro Giordano, coordinador del área de Investigación y Operaciones del Instituto Nacional del Agua (INA) e investigador de la Subgerencia de Sistemas de Información de Alerta Hidrológico de la Cuenca Del Plata, señala que hay una tendencia creciente al descenso: “Hay patrones semejantes a años anteriores. El 2020 también tuvo valores muy bajos. La diferencia con años anteriores es el amesetamiento por los embalses. En otros años, los veranos fueron normales o muy húmedos y eso ayudó a recuperar. Pero no había ningún sistema de presas arriba”.

Por otro lado, para el investigador en Ciencias Aplicadas, los valores actuales se asemejan a los de 1944 y 1934: “En esos años los mínimos se dieron entre septiembre y noviembre, por lo que una hipótesis es que el mínimo podría darse en esa ventana de tiempo”, explica Giordano. Es decir, la bajante podría empeorar aún más de aquí a fin de año.

Según explica Giordano, “las causas tienen que ver con un déficit sostenido de precipitaciones en la época de recarga en la zona donde, en general, se produce la mayor cantidad de volumen de agua que pasa por el río Paraná. El Alto Paraná, al igual que el Alto Paraguay, las zonas de recarga más importantes, exhiben estacionalidad en las precipitaciones”.

PH: Nadia Luna

Al no llover lo suficiente, la mayor parte de la precipitación o se convierte en una recarga del almacenamiento de agua, que va a ser consumida rápidamente para alimentar el caudal base del río, o se evapora. El volumen de agua de las lluvias no alcanza para satisfacer lo que la evaporación, la atmósfera y la vegetación demandan. “Es como una cuenta bancaria: si tu salario no te alcanza, empezás a tomar de tus ahorros. Las precipitaciones comenzaron a ser deficitarias en la época en la que, en general, suelen ser más abundantes, o sea, en el verano. Las reservas comienzan a brindar caudal y se van agotando y entramos en un proceso recesivo, igual que en la economía. Eso viene pasando de 2016 en adelante, comienza una tendencia a la baja. A partir de 2019 empezó a ser muy notorio en el Alto Paraná”, puntualiza el investigador del INA.

Alerta por crisis climática

PH: Hernán Vitenberg

Sobre esta problemática, la mirada ambientalista busca poner el foco en el impacto del cambio climático en el ciclo hidrológico de la cuenca. Para Mariana Abelandro, bióloga y directora de Protección Ambiental de la Prefectura Naval Argentina, el cambio en el uso del suelo es un factor importante dentro de las causales, principalmente la deforestación y la actividad agrícola. “En los últimos años estas actividades han sido muy intensas en toda la cuenca, y todo esto da una clara evidencia de un cambio climático”, señala y agrega: “Si bien es a nivel mundial, en nuestra región impacta mucho más con inundaciones y sequías”. 

Para ponerlo en números: investigadores de Brasil, Argentina y Paraguay realizaron MapBiomas Bosque Atlántico Trinacional (2021), una serie de mapas anuales de cobertura y uso del suelo en el Bosque Atlántico entre 2000 y 2019. La ecorregión, considerada una de las más importantes del mundo por su biodiversidad, comprende la zona del Alto Paraná y abarca la costa oriental de Brasil, la selva misionera argentina y el este de Paraguay, la ecorregión conocida como el Pantanal. 

Según este estudio, la pérdida de vegetación nativa en todo el Bosque Atlántico en 20 años es del 5%, de 554.632 kilómetros cuadrados disminuyó a 527.492. A eso se suma el crecimiento del 67% de la superficie agrícola: de 155.437,6 kilómetros cuadrados a 260.101,2, más de 500 veces la superficie de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.  

En el caso del territorio argentino, en la ecorregión de la Selva Paranaense, atravesada por la cuenca del río Paraná, la pérdida de vegetación nativa (bosque, pastizales y humedales) es un 11% de la superficie total de vegetación nativa remanente en el año 2000. Una de las causas de esta disminución, según MapBiomas, es el uso mixto que incluye agricultura y ganadería a diferentes escalas.

PH: Hernán Vitenberg

“Necesitamos ya la ley de Humedales para su protección”, reclama la bióloga Mariana Abelandro. El proyecto está estancado en la Comisión de Agricultura desde el 2020 y puede perder estado parlamentario en 2022. Para Julia Vélez, integrante de la Multisectorial Humedales, la ley significa abarcar un extenso territorio de humedales, no solo del Delta del Paraná, sino de todo el país. “El avance de los incendios en el Delta, al igual que en Córdoba, no tuvo mucha relevancia en la política, pero los fuegos avanzaban. La política tuvo que hacer algo, escuchar, ya que el reclamo llegó a los medios gracias a la lucha constante y a las redes sociales”, reflexiona.

PH: Hernán Vitenberg

¿Qué pasa si la situación empeora?

En primer lugar, con la bajante las lagunas y el cauce del río tenderán a disminuir en extensión y volumen. Las poblaciones de peces, por lo tanto, van a tender a disminuir. Esto tendría un impacto muy grave no solo desde el punto de vista de la biodiversidad, sino también desde el económico, al verse claramente afectada la pesca. Además, al bajar el caudal de agua, las sales presentes en la misma aumentarán su concentración, al estar menos diluídas. Esto incluye a las sustancias contaminantes provenientes de los residuos que se encuentran en el fondo del lecho, lo que afectaría a las condiciones de vida no solo de la flora y fauna local, sino también de los seres humanos.

PH: Hernán Vitenberg

El otro impacto grave en el territorio aledaño tiene que ver con el acceso al agua potable de las poblaciones cercanas al río. Para Jorgelina Hiba, periodista ambiental de Santa Fe, “nos encontramos con una situación donde la empresa provincial de agua no para de advertir que hay que hacer un uso super racional del recurso, cosa que habría que hacerlo siempre pero ahora con más motivo, porque cada vez cuesta más sacar el agua, justamente por el caudal de río. Al tener menos agua viene con mayor cantidad de sedimentos y entonces el proceso de potabilización es más caro y más lento, el abanico de inconvenientes es bastante amplio”.

Los problemas que acarrea la bajante histórica del río Paraná son complejos y multicausales. Hasta que no llueva considerablemente en la parte alta de la cuenca, la crisis hídrica seguirá vigente e, incluso, con perspectivas a empeorar hasta el verano. Mientras, la ley de humedales sigue cajoneada en el Congreso.

Créditos:

Redacción: Camila González y Ignacio Marchini

Edición: Florencia Agostina Ferrari

Fotografía e infografías: Erik Gonzalo Raudino, Hernán Vitenberg y Nadia Luna.

Investigación periodística: Camila González, Ignacio Marchini y Erik Gonzalo Raudino

Entrevistas y desgrabados: Florencia Agostina Ferrari, Ignacio Marchini, Franco Ojeda y Erik Gonzalo Raudino

Producción audiovisual y edición: Franco Ojeda

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