Cover up: cuando se “tapa” la pasión por los colores

Existen muchas personas que al tatuarse no terminan conformes con el resultado final o simplemente se aburren del diseño. Debido a su costo, no siempre se puede optar por eliminar el tatuaje con un tratamiento láser,  por eso es que cada vez es más frecuente recurrir a la técnica del cover up.Este término de origen inglés significa “cubrir” algo, y dentro del mundo de los tatuajes se utiliza para hacer alusión a la técnica de tapar un tatoo antiguo por otro. Los tatuadores cuentan con muchos recursos para realizar un cover up de buena calidad, no es necesario utilizar solo tinta negra o un tribal para ocultar lo que se lleva debajo, sino que es cuestión de acentuar las líneas del tatuaje nuevo y dejarse llevar por la imaginación del artista.

El arte de borrar un sentimiento

En 1999 Rodrigo era apenas un adolescente oriundo de la localidad de Pirovano. Como muchos jóvenes de su edad, lo movilizaba la pasión por el fútbol, y creyó que ese sentimiento debía quedar inmortalizado en su piel. Por ello, y sin pensar un instante, decidió tatuarse el escudo del club de sus amores, San Lorenzo de Almagro, cuando viajó con sus amigos a Buenos Aires.

Pasaron exactamente diez años desde aquella vez en que Rodrigo entró a la galería para hacerse el tatuaje, y sin embargo nunca logró estar conforme. Con el tiempo, también llegaron las responsabilidades, por ejemplo el trabajo. En su oficina no le permitían usar tatuajes de clubes de fútbol que se vieran bajo la remera. Ese fue el principal motivo por el que decidió taparse el dibujo: “Me empecé a arrepentir por dos cosas, por un trabajo en el que no podía tener los colores de un club trabajando para otros clubes, como Boca y Vélez,  y porque  me empezó a chocar el hecho de tener el tatuaje de un equipo de fútbol,  más allá de que lo sienta y de que lo lleve en el corazón, porque me generaba rechazo que este tipo de tatuajes hoy está asociado tal vez a los barrabravas o a los que generan disturbios, y no a los verdaderos hinchas”.  Sabía que no habría marcha atrás, por eso, con un poco más de experiencia, optó por confiar en otro tatuador para intentar corregir el trabajo anterior y sellar en su brazo derecho la figura de una geisha por sobre los colores de su equipo.

“Le dije al tatuador lo que quería, le llevé un boceto y después el también me orientó. Me gusta mucho la cultura japonesa, y por eso elegí a la geisha, que representa la fidelidad al hombre y la flor de loto que es la que trae suerte”.

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Celeste Bracho/M.R.A/ C4

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