Libros y tecnología: el cambio ya llegó

El avance de la tecnología y la creciente digitalización ha generado profundos cambios en la forma en que consumimos los productos culturales y el libro no es ajeno a esta transformación. La pluralidad de las pantallas, la posibilidad de acceder a formatos más económicos en internet, sumado a la caída de la industria editorial, están llevando a que la costumbre de comprar un libro de papel en una librería vaya quedando en el olvido.  

La cantidad anual de libros leídos per cápita pasó de 3 unidades en 2013 a 1.5 en 2017. Crédito: Agencia TAO

La Encuesta Nacional de Consumos Culturales indicó que la lectura de libros en Argentina sufrió un sufrió un descenso en los últimos años: en 2013, un 57% de la población había leído al menos un libro, mientras que en 2017, ese porcentaje fue del 44%.

Si bien la tecnología conspira contra el libro, hay varios diagnósticos respecto al porqué del descenso de ejemplares vendidos anualmente. El estudio Cómo leemos publicado en mayo por la consultora Proyecto451, que encuestó a más de 7 mil personas, muestra que la mayoría de los argentinos no leen porque no tienen tiempo para esta práctica. Para el 53% de los consultados, el trabajo es la actividad que más tiempo les ocupa, un 39% apuntó contra las tareas domésticas, otro 31% a la distracción de las redes sociales, y el restante 29% al cuidado de hijos o familiares. 

“Hoy en día hay una gran predilección por los libros breves, en coincidencia con la aceleración de los tiempos que corren”, señala Brenda Algozino, fundadora de Dime Que Lees, un club de lectura virtual que reúne a casi 30 mil usuarios en Instagram. Para la estudiante de la Licenciatura en Letras, en las editoriales “hay una tendencia a publicar libros más cortos, que demanden menos atención y menos tiempo de lectura”.

 

Según «Como Leemos», el 88% declaró haber leído 1 libro en los últimos 12 meses. Créditos: Agencia TAO

En suma, Miguel Saldaño, librero de 44 años, opina que la crisis económica contribuye al desplome del libro en papel. “Siempre los hábitos de lectura van cambiando, pero ahora se siente un poco más por el tema de la plata», el trabajador de librerías El Aleph. Los costos de producción y distribución del libro físico son más altos que los del formato digital, y se ve reflejado en el precio de cada ejemplar.

La caída de la venta de libros físicos en Argentina no es planteada por los especialistas como una crisis en la práctica de la lectura, sino como una reformulación de sus hábitos. El surgimiento de nuevos emprendimientos alrededor de la lectura digital, nuevas comunidades de lectura virtuales y clubes de lectores “millennials” son las nuevas formas de conectar entre los nativos digitales.

Según Cómo leemos, Argentina tiene una mayoría de “lectores híbridos”, que son aquellos que leen libros tanto en papel como digital, y representan al 62% de la comunidad. Natalia Díaz, una lectora asociada a la suscripción literaria de Bukku, admite que se lleva muy bien con ambos formatos: “A veces agarro un libro y a veces el kindle. El libro electrónico me ayudó a sacarme el hábito de usar el teléfono en la cama”, remarca. 

La mirada de los especialistas, los números de los últimos años y el propio testimonio de los lectores, llevan a pensar que estos nuevos hábitos de lectura están dando cuenta de un pasaje de la lectura individual y solitaria a una lectura pública, colectiva y en red. No es la crisis del libro, es la crisis del papel.

Juan Ignacio Vaccarezza  / N.E.M. / Com 01 

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