Rappi, Glovo y PedidosYa: ¿éxito empresarial o precarización laboral?

Rappi, Glovo y PedidosYa, son las principales empresas dedicadas a los repartos a domicilio a través del uso de aplicaciones de teléfonos móviles. Si bien existen diferencias entre sí, las tres han tenido un crecimiento económico a nivel mundial. No obstante, existe una contracara del éxito: las precarias condiciones laborales de sus trabajadores. Y en Argentina, como en cientos de países más, son un mercado emergente para el desarrollo empresarial.

Como novedad, las compañías ofrecen a los empleados la opción de “poder trabajar cuanto quieran, y el tiempo que lo deseen”, en tanto que, según las firmas, emplean “trabajadores autónomos” para brindar sus servicios. Estos son denominados “rappitenderos” (por Rappi), o “glovers” (Glovo), y son registrados como monotributistas, aunque bajo un sistema de flexibilización horaria y sin planes de cobertura médica, o aportes jubilatorios. Debido a estas condiciones, los trabajadores han decido organizarse a través de sindicatos para obtener mejoras en su calidad laboral.

El sistema de las aplicaciones es sencillo: una vez realizada la compra y la entrega del pedido, el repartidor obtiene el costo del envío, que puede aumentar según la distancia entre el comprador y el lugar del pedido. Las ganancias no son por hora, sino que dependen enteramente de los pedidos que el repartidor haga. El costo del envío oscila entre los $40 y $60, más la propina que pueda dejar el cliente, y los trabajadores pueden alcanzar un máximo entre $1600 y $1700, en una jornada laboral promedio de 10 a 13 horas por día.

Nahuel Bengolea, repartidor de Glovo, dice que “para trabajar, hay que ser monotributista. Pero los pagos casi siempre tardan”. Los reclamos de los trabajadores son reiterados, y muchos coinciden en la falta de entrega de vestimenta, cascos, mochilas y depósitos bancarios. Por otro lado, Ileana Nadine, repartidora de Rappi, señala la falta de compromiso empresarial para optimizar la labor diaria ya que “la mala organización de ellos hace que salgamos todos a las calles a cualquier hora, y que hayan más repartidores que pedidos. Entonces podés estar horas esperando a que te caiga un pedido, y eso no le sirve a ningún repartidor”.

Frente a los múltiples reclamos de los trabajadores, las empresas siguen respaldándose en la “autonomía” de los repartidores para negar irregularidades de las condiciones laborales.

El debate en Argentina en torno a estas empresas catalogadas como “economías colaborativas”, se da en el marco de una política económica estatal proclive a este desarrollo empresarial, que genera un aumento en puestos de trabajo precarizados. Ejemplo de esta problemática fueron los 450 despidos que llevó a cabo PedidosYa en febrero de este año, para dejar de ser la única empresa de repartos que poseía empleados en relación de dependencia.

Ignacio Martínez / M.R. / C. 01

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