Violencia obstétrica: qué es y quiénes la sufren

Según la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (CONSAVIG) son 88 las denuncias realizadas por violencia obstétrica en todo el país en el año 2017. Este tipo de violencia se encuentra tipificada dentro de la violencia de género, siendo una de sus manifestaciones más invisibilizadas y poco conocidas.


La violencia obstétrica, según la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, es “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929 de Parto Humanizado”.

Según Jorge Mosquera, jefe de despacho de la CONSAVIG, la violencia obstétrica puede manifestarse de diversas maneras: “maltrato verbal, psicológico, descalificaciones, exceso de medicalización (poner oxitocina para acelerar el trabajo de parto o para que la dilatación se haga más rápida, lo cual puede producir dolores innecesarios e implica no respetar el tiempo biológico de la mujer), si la mujer requiere analgésico negárselo, las cesáreas innecesarias, o cuando no se quiere brindar información a la mujer porque se supone que el cuerpo médico sabe y que no es necesario que la mujer esté informada”.

La CONSAVIG, desde la Mesa de Trabajo Interinstitucional que coordina junto a la Dirección de Maternidad e Infancia, el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable del Ministerio de Salud de la Nación, la Superintendencia de Servicios de Salud y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) señala en sus estadísticas que el 82% de las denuncias son por trato deshumanizado, y que corresponden en un 64% a instituciones privadas.

Una vez registrada la denuncia en la CONSAVIG, ésta deriva el caso al organismo más idóneo: el INADI, la Superintendencia de Servicios de Salud, o la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires. Al no estar tipificada como delito, la violencia obstétrica no puede denunciarse en sede judicial, y el expediente suele terminar en auditorías y pedidos de informes a los sanatorios involucrados.

La violencia obstétrica puede generar consecuencias físicas y psicológicas tanto en la madre como en el bebé. Leticia Laguzzi, osteópata familiarizada con el tema, explica: “la mayor parte de las lesiones sobre los bebés se da en la duramadre, membrana que recubre el sistema nervioso en la región craneana para su protección en esa etapa de la vida y que tiene una cierta flexibilidad para absorber fuerzas pero que retiene la tensión recibida.”

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Leticia Beatriz Laguzzi. Osteópata perteneciente al Consejo General Argentino de Osteópatas (CGAO)

“Todas las presiones que la cabecita del bebé recibe son transmitidas a la duramadre y esta las absorbe y mantiene en la memoria: cuanto más fuertes sean esas fuerzas, es decir menos naturales, y menos natural sea el parto, más consecuencias va a tener esa duramadre”. Leticia Laguzzi remarca que “la compresión de las contracciones y empuje de un trabajo de parto natural son menores que cuando se fuerza y acelera aplicando un goteo de oxitocina. Esto no respeta el tiempo de dilatación de la mamá, por lo que se trata de un caso de violencia obstétrica.”

Malena Gallesio Serra/F.M/ C. 02

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