Endogamia canina: la práctica de crear razas y sus peligros

La existencia actual de más de 300 razas caninas no es un fenómeno de la naturaleza, sino que es resultado de una práctica humana conocida como endogamia animal, que implica la reproducción de diversas enfermedades.

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Sólo en los animales que no son de raza opera la selección natural: se reproducen los genes que son más viables. Fuente: Carolina Musso / Agencia TAO

Los médicos veterinarios Miguel Callaba y María Alejandra Segovia, ambos recibidos en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, explicaron que el proceso de endogamia consiste en reproducir animales que tienen genes compartidos. Callaba dijo que en la naturaleza el cruce entre parientes es algo que sucede, pero que, en poblaciones muy pequeñas, genera la proliferación de diversas patologías.

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Patologías frecuentes. Fuente: Laila Pecheny / Agencia TAO

Refiriéndose a la actividad de los criaderos, Segovia dijo: “Directamente, la selección natural se anula”. Callaba ilustró: “Si me gustan las orejas de papá y las de sus hijas, lo que voy a hacer es cruzar al papá con una hija. Así se logra que en la descendencia se manifiesten las lindas orejas”.

Los veterinarios coincidieron en que estas prácticas se rigen por las modas, y por la intención de desarrollar ciertas habilidades en los perros. “Ellos naturalmente no son rastreadores, ni recolectores de presa, ni compañeros del hombre. Lo que el humano hizo fue adaptarlos para su propio beneficio”, dijo Callaba.

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Algunas razas caninas tienen una evolución de miles de años, pero hay otras sintéticas que se crearon en los últimos 150 años. Ilustración de razas sintéticas. Fuente: Laila Pecheny / Agencia TAO

Diferente es lo que ocurre con los perros mestizos. Segovia dijo : “Suelen tener lo que se llama vigor híbrido, que implica una exposición mucho menor a enfermedades. Al tener una mezcla aleatoria de genes, generalmente no se juntan los de la madre y los del padre”.

Luego de tantos años de manipulación genética, parece necesario dejar que la naturaleza acomode un poco las cosas, y que el hombre comience a pensar en qué es lo mejor para su entrañable compañero.

Laila Pecheny / Edición C.M. / C. 05

 

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