La Mágica: “Esto es un zoológico, amigo”

En el boliche Groove, de Palermo, se celebraba el cuarto aniversario de la megafiesta cumbiera “La Mágica”. Cuatro años habían pasado esa noche desde que las fiestas full-cumbia dejaran de ser exclusivas del circuito de las bailantas y empezaran a pegar fuerte en los boliches de la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires.


Ariel Fligman, uno de los organizadores y motores del proyecto, describe al surgimiento de La Mágica como una fiesta que emergió producto de una necesidad de las personas vinculadas con el género. Esta necesidad no solo nació de los artistas sino también del público y buscó reivindicar socialmente a la cumbia. “La Mágica” es la fiesta del  amor por la música cumbiera. Esto lo sienten los organizadores, lo sienten los grupos y lo vivía la gente que aquel viernes por la noche invadía el boliche palermitano.

Foto: Pablo Ruybal

Foto: Pablo Ruybal

Este se hace el negro escuchando y bailando cumbia y es tremendo cheto”. Nadie fue dueño de esta cita; nadie y todos a la vez. Algunos no reaccionaban de la mejor manera cuando se les remarca el evidente contraste de clase que parecía ser tabú. Todo el espíritu de la fiesta iba a contracorriente de este latiguillo. A este cronista no se le ocurre mejor forma de expresar el fenómeno sociocultural que tiene lugar en una fiesta de cumbia en pleno Palermo que citando el relato de uno de los presentes: “Esto es un zoológico,  amigo, acá pegan chetos, cumbieros, rockeros, lo que sea. Acá se baila cumbia, papá”.
“No me arrepiento/ soy ladrón/ aunque me cueste el corazón/ robar es un pecado y yo robé/ como nunca jamás lo imaginé”. Así sonaba Meta Guacha, el más popular de los tres grupos que ofrecían funciones en la noche del aniversario de “La Mágica”. Pala Ancha y Mala Fama completaban el concierto.

Foto: Pablo Ruybal

Foto: Pablo Ruybal

Desde los nombres de las bandas hasta las letras de las canciones, todo tenía un mensaje provocador y marcaba diferencias sociales y culturales irreconciliables. Pero, como si hubiese un problema de recepción en la comunicación, el público allí presente disfrutaba de un encuentro interclasista en un marco festivo único. Tal unión existía dentro del público espectador que ni siquiera se veían banderas con el nombre de los barrios de la gente que llegaba a ver a las bandas, algo muy característico de los conciertos de “rock chabón” de boliches como La Reina de Flores.


Gracias por seguir bancando nuestra música, la de los negros”, dijo el cantante de Meta Guacha. Quizás, hoy la cumbia villera no pueda ser medida por el nombre de las bandas que la interpretan (“Pibes Chorros”, “Mala Fama”), ni siquiera por sus letras, y que hacen una bandera de la marginalidad. Quizás lo que realmente defina a la cumbia villera sean los hábitos culturales de consumo de música. Desde este punto de vista, hoy, la cumbia villera, en fiestas como “La Mágica”, es uno de los productos culturales que más y mejor pone en relación a los diferentes sectores de nuestra sociedad.

Pablo Ruybal / S. N. C. / C4

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