CABA: una ciudad que discapacita

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires una de cada diez personas tiene algún tipo de discapacidad. De ellas, casi el 20 por ciento no puede caminar. ¿Cómo viven en una urbe en donde el 80 por ciento de las esquinas no tienen rampas? ¿Como llegan al trabajo si los colectivos accesibles se saltean la parada, si uno de cada tres ascensores del subte no funciona? Cecilia García Rizzo, coordinadora del área de accesibilidad de la fundación Rumbos, dirá que la respuesta es pagando, desembolsando cifras irrazonables para llevar adelante las tareas de todos los días: por ir y venir al trabajo un discapacitado debe pagar 10 mil pesos al mes.

“Conozco gente que ha tenido accidentes al tratar de subir a un colectivo y es realmente

Fuente: Agencia TAO (Rostyslav Shkirko)

Fuente: Agencia TAO (Rostyslav Shkirko)

muy difícil poder ir de un lado a otro. Podría viajarse en subte, que varios tienen ascensor, pero suele pasar que llegás a la otra estación y el ascensor no anda y tenés que volver”, continuó García Rizzo. Según datos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires existen 79 ascensores distribuidos entre las 83 estaciones de la red de subtes, pero –según la misma fuente- uno de cada tres no funciona.

Del mismo modo, una persona en silla de ruedas que emprende un trayecto de cinco cuadras se encontrará con que –si logra avanzar por las veredas siempre rotas y bacheadas– ocho de las diez esquinas que debe atravesar le bloquearán el camino. Según Claudio Bernardelli, arquitecto de la Comisión Nacional de Discapacidad (CONADIS), hay 80 mil esquinas en la ciudad y sólo se está seguro de que 15 mil de ellas tengan rampas. Es decir, sólo el 20 por ciento.

Avanzar hacia la adaptación integral de los espacios y al mantenimiento de las condiciones de accesibilidad que ya existen es central porque el problema es que un sólo obstáculo interrumpe todo el recorrido: “Lo importante es la cadena de accesibilidad. Vos tenés que poder salir de tu casa y llegar al otro lugar, eso es lo principal. Después, cuando llegas al otro lugar, tenés que poder entrar y tener allí las condiciones para poder hacer la actividad que vas a hacer”, afirmó García Rizzo.

Las dificultades que implica circular por la ciudad obligan a las personas discapacitadas a recurrir a vías alternativas de transporte que representan un gasto extra. “Todo los traslados son impresionantemente caros, porque parece que te cobraran más por tener discapacidad. Hay charters o camionetas especiales que te llevan, pero cuestan una fortuna”, afirmó Silvia Valori, asesora de la ONG Incluir. Cualquier viaje en estos transportes especialmente adaptados se paga no menos de 250 pesos, es decir que para usar este servicio para ir y volver del trabajo cada día se necesita un sueldo a prueba de balas, ya que 10 mil pesos se irán sólo en transporte.

“Definitivamente es el entorno el que discapacita y quien no tiene dinero para salvar algunas situaciones se queda afuera de todo, en su casa”, concluyó Valori. Además, señaló que esta reclusión impuesta por el contexto social genera una invisibilización de las personas discapacitadas que contribuye a quitarle espesor a la problemática de la inclusión y a profundizar la mirada discriminadora: “Somos muy pocas las personas que salimos, que hacemos trámites, que hacemos compras. Entonces cuando te ven en el supermercado te miran como si fueras de otra especie”.

María Delfina Torres Cabreros/BMP/01

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