Mundial en Brasil: Crónica de una torre de Babel futbolera

Después de dos horas de viaje combinando tren y combi desde el barrio de Méier, me encontraba en el barrio de Sepetiva, una de las regiones más carenciadas de Río de Janeiro. Había ido, junto a un grupo de amigos, a festejar la tradicional fiesta “Ju Nina”, un festejo típico de las clases bajas de Río. Eran las cuatro de la mañana y yo en medio de una casa grande, antigua y bastante precaria en la que había aproximadamente quince personas durmiendo y disfrutando de la pasividad de la noche, tras una intensa jornada de borrachera.  

Postal del barrio de Sepetiva en Río de Janeiro. Foto: Pablo Ruybal.

Postal del barrio de Sepetiva en Río de Janeiro. Foto: Pablo Ruybal.

Quizás mi inoportuno insomnio se debía a los tremendos ronquidos de una voluminosa chica que compartía habitación conmigo o al hedor del también portentoso muchacho que la acompañaba. En resumen, el ambiente era poco acogedor. Luego de tanto meditar, llegué a la conclusión de que estaba frente a un escenario que era nuevo en mi vida. Precisamente en aquel momento me di cuenta que realmente me encontraba en la Copa del Mundo. Era uno más de los miles de turistas que se habían acercaron a Rio de Janeiro a vivir la fiesta mundialista.

Una fiesta que no termina en los partidos de fútbol sino que se vive también en los pequeños detalles y en las intensas vivencias que provoca el choque de culturas. El colectivo 457 que va desde Meier hasta Copacabana es una auténtica montaña rusa. A una velocidad demencial, el chofer, mueve el gigantesco vehículo por las calles de Río de Janeiro. Un señor sentado cerca mío con la camiseta de Francia me mira fijamente con la boca entreabierta durante unos cuantos minutos. En ese instante un hincha chileno sube al bus y, al verme con la camiseta argentina, me comenta sobre el golazo de Messi a Bosnia. Al escuchar el nombre del número 10 de la selección argentina el francés comienza a hablarnos como si alguien lo hubiese puesto en “mode on”. Parloteando sin suspiro, en un idioma que ni yo ni el chileno logramos descifrar, el francés parecía en su salsa. Un pulgar hacia arriba fue suficiente para que, con una sonrisa, de por terminado su incomprensible monólogo.

El Mundial es la torre de Babel de los tiempos modernos. Pocas cosas tienen sentido pero todos se juntan allí y colaboran en pos de hacer la fiesta más grande de los últimos cuatro años. La guerra de hinchadas se vive en las calles, allí todo vale. Argentinos versus chilenos, chilenos versus españoles, argentinos versus ingleses. Las alusiones a los conflictos bélicos entre naciones lamentablemente también se hacen presentes. Sin embargo, de un momento a otro, todo queda olvidado y termina resultando incluso más reconfortante compartir una pinta de cerveza con un hincha “rival” que con los propios compatriotas. El Mundial es también una búsqueda de nuevas experiencias.

Una multitud se congregó  en el Mineirao. Foto: Pablo Ruybal.

Una multitud se congregó en el Mineirao. Foto: Pablo Ruybal.

Los partidos en el Fifa Fan Fest son auténticos recitales. Ver un partido allí es asistir a la fusión perfecta entre rock y fútbol. La entrada de los equipos a la cancha es un solo de guitarra; los goles son los pogos más intensos y el final del partido da lugar a los cánticos que prometen un nuevo encuentro. De todas formas, la experiencia de vivir un mundial desde dentro del estadio es incluso más intensa. Pude asistir a la discreta victoria argentina frente a Irán. El Estadio Mineirao de Bello Horizonte albergó alrededor de 50 mil personas entre argentinos, brasileños, iranies y gente de otras nacionalidades que se acercaron a ver el partido.

Hinchas brasileños y argentinos en la entrada al Estadio Mineirao. Foto: Pablo Ruybal.

A medida que pasan los partidos la rivalidad entre argentinos y brasileños crece y no solo en los estadios, sino también en las calles. En el sector de ingreso al Mineirao, un Brasileño se vieron cruces entre hinchas de ambos países, pero la intervención de las fuerzas de seguridad evitó que el conflicto pasara a mayores.

Ocurre que los brasileños y argentinos son provocadores casi por naturaleza. Los hinchas albicelestes, que llegaron a montones, mueren por hacerse notar y los dueños de casa quieren hacer sentir su localía. En estaciones de trenes, en la puerta del estadio, en la playa, en colectivos, en todos lados el argentino canta contra el brasileño y el brasileño contra el argentino.

Pero todo es parte del “folklore del fútbol”, del color del Mundial y el intercambio cultural que este deporte tan popular posibilita. Parafraseando a un hincha chileno que, de espaldas al partido de su selección,  intercambiaba la bandera de su país con la de Argentina, podemos decir el Mundial es la excusa para que todos nos juntemos para reproducir lo mejor que tiene el fútbol.

 Pablo Ruybal / S. N. C / C4

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Una respuesta a Mundial en Brasil: Crónica de una torre de Babel futbolera

  1. pruy dijo:

    Reblogueó esto en TU REALIDAD PARALELAy comentado:
    Cronica de Pablo Ruybal, periodista de Tu Realidad Paralela, sobre Brasil 2014 y la vida en un mundial en Agencia TAO.

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