Voto joven: precedentes internacionales

Mucho se ha hablado sobre los pros y los contras de la voluntariedad del voto a los 16. Pero para valorar una posición o la otra, es importante tener en cuenta las experiencias de otros países donde el sufragio no es obligatorio.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que el voto voluntario no sólo no es una novedad, sino que incluso se impone en los países más desarrollados, así como también en numerosos países africanos y latinoamericanos con distintas variables.

En los casos europeos, el voto voluntario no parece producir una disminución de las tasas de participación. De hecho, en Alemania, la asistencia a los comicios promedia el 81%; en España, el 77%; y en Francia, el 67%.

Si tenemos en cuenta que en las PASO de agosto, apenas más del 70% del padrón concurrió a sufragar, la obligatoriedad no sería aquí un factor determinante. Pero también es cierto que estaríamos comparándonos con naciones con realidades objetivas, tradiciones políticas e historias muy diferentes a las propias. Tal vez nos resulte más útil observar qué es lo que sucede en nuestra región.

Entre los países con elecciones no obligatorias encontramos a Venezuela, donde el índice de participación en las últimas elecciones superó el 80%. En cambio Colombia, con un régimen similar, exhibió una concurrencia bajísima en las últimas elecciones, con 49% en la primera ronda y 45% en la segunda. En el caso de Chile, el voto voluntario se implementó recientemente pasando de un 87% en las últimas presidenciales (obligatorias) a un 60% en las municipales. Sin embargo, aquí se podría pensar que esa diferencia puede parcialmente justificarse por el mayor interés que generan las elecciones presidenciales, más allá del cambio de reglamentación. En Ecuador, el sistema es similar al de Argentina, obligatorio para la mayoría de los votantes, pero voluntario para algunos sectores tales como ancianos y jóvenes de entre 16 y 18 años. En las últimas elecciones presidenciales, la participación ciudadana estuvo en un 87%.

En función de estos datos, se puede pensar en una tasa de participación de los adolescentes relativamente baja, pero en la mayoría de los países analizados, las tasas de participación no varían radicalmente de las locales. Por el momento habrá que esperar un par de semanas para ver cómo se comporta la juventud nacional con esta nueva herramienta política; después vendrán las lecturas…

Noelia Jacobo/M.O/C3

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