Fútbol y violencia: políticas públicas para combatir la discriminación

Superclásico entre Boca y River: una de las tantas expresiones de discriminación en el Fútbol Argentino.

Superclásico entre Boca y River: una de las tantas expresiones de discriminación en el Fútbol Argentino.

A los 35 minutos del primer tiempo, el partido de Argentinos Juniors contra Boca por la octava fecha, que se jugó el pasado 22 de septiembre, fue detenido por cantos xenófobos que provenían de la tribuna de Argentinos. Un minuto después se reanudó el encuentro. La decisión del árbitro Luis Álvarez se basó en la Resolución N°3100 de AFA que obliga a parar el partido cuando se agravia a distintos sectores de la sociedad, con cánticos o banderas ofensivas. Sin embargo, en el transcurso del juego la hinchada de Argentinos volvió a entonar canciones discriminatorias: “a estos putos les tenemos que ganar”, pero el partido continuó sin ningún tipo de interrupción.

Hasta el momento sólo se han suspendido partidos cuando las hinchadas cantan contra bolivianos, paraguayos y judíos, pero no contra otros colectivos como gays y villeros. “Censurar ciertos cantos es una contradicción porque al mismo tiempo se discrimina, se diluye y queda en una cosa jocosa”, afirma Verónica Moreira, investigadora del CONICET sobre las prácticas violentas en el fútbol. “Después, la hinchada utiliza la supuesta sanción para intervenir en el juego”, agrega.

“A los que trabajamos con esta temática nos preocupa desarticular las condiciones que generan los combates porque provocan muertes. Muertes evitables. Sin embargo, al hablar de la violencia simbólica entraríamos en una zona bastante más grisácea”, sostiene Federico Czesli, periodista y especialista en violencia en las hinchadas de fútbol.

Para Guillermo Mamani, editor del diario de la comunidad boliviana Renacer: “La discriminación excede el tema futbolístico. Los cánticos buscan ofender al contrario con algo que supuestamente los puede llegar a agraviar, comparándolo con los sectores sociales más excluidos, sea puto, villero, o boliviano”.

En el 2012, el INADI registró que uno de cada seis partidos que observó contenía cánticos con algunas expresiones discriminatorias. Las más comunes hacían referencia a la orientación sexual y la nacionalidad, seguidos por la religión y la condición socioeconómica, según explica a Agencia TAO Santiago Pirolo, responsable del Observatorio de la Discriminación en el Fútbol. Entre septiembre de 2011 y enero de este año fueron detenidos 16 encuentros por acciones de xenofobia y discriminación relevados por el Observatorio, que depende del INADI.

Si bien para Moreira es esencial desnaturalizar la discriminación, que no tiene que ver sólo con el origen étnico o racial, sino también con la orientación sexual, para Czesli es importante comprender que cuando los hinchas hablan en términos de “puto” no se refieren tanto a la orientación sexual como a la falta de coraje y de temperamento para autoafirmarse. “En el fútbol se dirime la identidad de género: el combate les permite a los individuos pertenecientes a su hinchada demostrarles a sus pares que son ‘machos’ y no ‘putos’. Quienes se afirman en el combate tienen ‘aguante’, un bien simbólico que los hace respetables y hombres de honor”, señala Czesli.

A pesar de las medidas tomadas por las autoridades, prevalece cierto escepticismo frente al alcance y la efectividad de las políticas públicas. “El gobierno implementa políticas de igualdad de género y socialmente está instaurado el tema. Sin embargo, hay que entender que el campo futbolístico es mucho más heterogéneo que como se lo plantea desde el sillón del periodista o del político”, dice Moreira.

“Hablemos de violencias, en plural, porque entendemos que cada vez que se habla de las barras en términos de violencia hay actores que se desmarcan de su propia violencia e intentan afirmar que el problema son los otros”, observa Czesli. “La discriminación es una construcción cultural que ‘funciona’. La identidad colectiva se constituye a partir de la negación y el rechazo de otro”, añade, y afirma que la violencia simbólica, diferente de la física, es parte de una estructura que se mantiene y que es difícil de atacar.

Patricio Porta / F.T./ comisión 05

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