El lugar de las adicciones en la nueva Ley

Calle de Constitución. 6 AM. Una mujer patea los cristales de una vidriera. Grita. “Está sacada”, comenta un laburante que espera el bondi. Ella se acerca y comienza a pegarle. “Salí, loca”, dice el hombre mientras otro intenta contenerla. “Son todos putos”, vocifera atrapada hasta que la policía se la lleva.

La mujer es interrogada y enviada a la cárcel. Se le inicia un proceso penal por ser la misma que golpeó a otra horas antes del episodio en la parada. Días después un fiscal aborda el caso y lee los antecedentes. Figura una reciente internación en el Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano. Inimputable, concluye el juzgado y ordenan su devolución.

“Pero me tengo que quedar acá, doctora, lo dice el juez”, insiste la “inimputable” ya de vuelta en el hospital. El equipo interdisciplinario se mira. Conversaron y concluyen: “No, sos mayor de edad y está bien que reconozcas que tenés un problema pero debés dirigirte a un lugar específico en adicciones. Esto es un neuropsiquiátrico y tu cuadro no es para acá.”

“En el Ce.Na.Re.So no tienen camas, dicen que aguantemos una semana”, agregan desde atrás.

La licenciada Paula Galván, psicóloga del hospital monovalente de mujeres, contó esta historia a Agencia TAO y manifestó que “el riesgo que presenta la nueva ley es que por la falta de dispositivos el Moyano podría terminar siendo tomado como un lugar asistencialista al que recurren por techo y comida.”

“Actualmente, el tratamiento de pacientes duales, con trastorno mental más adicción, es un desafío y la inclusión de los que son sólo adictos en espacios no acordes a su patología dista de lograr un tratamiento adecuado”, agregó Galván.

La ley indica que “los usuarios de drogas quedan comprendidos en el área de salud mental” y que “la internación en la red pública deberá contar con los recursos necesarios y en ningún caso podrá indicarse o prolongarse para resolver problemáticas sociales o de vivienda”.

“Sería urgente que la red esté a la altura de las circunstancias”, responde Galvan, y señala que el Moyano, con sus 900 camas, “no da abasto para la internación de adictos, más buscando cumplir con el ánimo externalizador de la ley”.

Anahí Pérez Pavez / P.A / Comisión 6

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