¡Que no dejen de girar!

La fábrica Winco cerró hace más de veinte años y junto con ella murieron los tocadiscos que la hicieron mítica. Pese a ello, Horacio Atadia, ex empleado de la empresa, sigue dedicándose de forma autónoma a devolverle la vida a este tipo de artefacto musical.

“En Buenos Aires quedan tres personas que arreglan este tipo de aparatos, una de ellas soy yo”, dijo el reparador que hace 44 años ejerce ininterrumpidamente su oficio.

Horacio tiene el cabello canoso, una boina gris y un mameluco. Estrecha su mano áspera para saludar, señal de ser un batallador en su labor. Habla muy pausado, al punto que su voz llega a mimetizarse con los mismos tocadiscos Winco y termina brindando tranquilidad, calidez y confianza.

Desde comienzos de la década del 60 el vinilo fue el rey absoluto de todos los soportes musicales. Pasaron los magazines con más penas que gloria, convivieron con los cassettes, que no lograron desbancarlos, hasta que un día llegaron los CD´s y rápidamente empezó a rodar la cabeza de los discos de pasta. Horacio, desde su propio local “Service Winco”, sigue resistiendo el embate de los compactos. “Este oficio no lo cambiaría por nada del mundo”, señala, aunque reconoce que son muy pocos los tocadiscos que repara y que apenas le alcanza para vivir.

Tocadiscos antiguos en Plaza Dorrego, San Telmo.
Fuente: AgenciaTAO

“La gente nos conoce, viene con cierta confianza. Vivimos y comemos como cualquier negocio de barrio pero nada más que eso”, dice Horacio. Así lo demuestra la foto junto a Andy Kusnetzoff, en donde se los ve abrazados a una bandeja y la mención de Horacio de que al local siempre llevaban a reparar tocadiscos del teatro La Scala de Milán.

Horacio afirma que “muchas veces entran al negocio jóvenes que encontraron los vinilos y el tocadiscos de sus abuelos y que por nostalgia lo quieren arreglar, pero cuando preguntan el precio para repararlos se asustan y salen espantados” y señala que los costos “oscilan entre los 500 y 600 pesos según la pieza”.

Sin embargo, hay clientes que buscan conservar sus equipos. “Está el coleccionista de vinilos que prefiere repararlos por su mejor sonoridad, su alta fidelidad, además de la melancolía que les genera volverlos a escuchar en ese formato”, explica Horacio.

Según Horacio “la gente que dice saber escuchar música -yo no porque sólo te puedo hablar de la parte técnica no de oídos musicales- dice que el disco de vinilo se oye mucho mejor, ya que se puede escuchar muchas más horas, en cambio un CD te cansa el oído”.

“El consumo del vinilo a nivel mundial es de entre el 1 y el 2 por ciento. Hay un resurgimiento pero muy poquito, no es algo enloquecido como lo era en los ‘60 y ’70. Por ahí a la gente le agarra por volver a escuchar un vinilo, o escuchar el ruidito, la pasta, pero yo no creo que haya un renacimiento o un auge como dicen”, opina el especialista en giradiscos.

Matías Ávila / Comisión 6

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